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Compleanno

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30 años.He nacido. Vida rara. Y ganas de meterme en una madriguera, también. Gracias a los animales (todos ellos, sesgados, plenos) que me rodean. Por ellos soy, todavía. Gracias.

BESTIARIOS/ anunciación de la bestia

(I)

cómo sentir necesidad de amar
cuando el amor es este rito
insuficiente

mi hambre
es de ahogo

(II)

ya no
ya basta
dejé mi cuerpo sembrado en la tierra
dejé mi amor de animal indolente
su acecho de cazador
su miedo de presa
pero ya no
ya basta

(III)

si puedo morir en la poesía
tal vez la bestia no amordace
todavía
mi cuello

si puedo escribir
estoy muerta
en un poema

¿tal vez
así
solo así
me salve?

(IV)

y si al final es cierto
y no supe desear
más que esta música arenosa
la soledad del lobo
su aullido de manada dividida
el roce de sus uñas contra la estepa

Publicado en el monográfico BESTIARIO de septiembre de 2011 de Panfleto Calidoscopio

Fragmentos de una lectura poética: mutaciones animales

Por Laia López Manrique

Algunas huellas de la lectura de poemas que tuvo lugar el pasado viernes 30 de abril en el Inusual Project (Barcelona) han quedado o quedarán en la página del Canal L y en los blogs de los poetas Juan Salido-Vico, Álex Chico , Iván Humanes y Jordi Corominas i Julián.

Gracias a Ernesto Escobar por la realización y edición del vídeo «Poetas Delaonion», que puede verse online en la web del Canal L, junto con muchos interesantes reportajes y paseos por la actualidad literaria.

Dejo aquí, a modo de pisada inoportuna, una serie poética que leí el viernes y que lleva por título MUTACIONES ANIMALES.

MUTACIONES ANIMALES

(i)

Hace años mi mano derecha

era la mano de una niña rala,

de una joven que encendía todas las luces

de su casa oscura.

La mano que antes se hundía en otros cuerpos,

la que aguantaba la página del libro para no perderla,

la que saqueaba bastiones y destrozaba fetiches,

la que sostenía mi desgana,

la que trenzaba disonancias,

la que se aferraba a asideros rompedizos,

se arquea ahora ante mis ojos,

se agita en pos de su reflejo prensil

y me muestra

en su reverso

el esbozo

de una garra.

(ii)

Mi cuerpo repta y se empuja entre las rocas

con la respiración fangosa de un limaco.

Abro surcos en el aire y en el suelo.

Ya no tengo sangre ni destino.

Seré aplastada o me esconderé en la hierba

húmeda de los primeros días de invierno.

Seré carne de la carne que se contrae y aflora

sin medir deseos ni sondear alturas,

sin reclamar permanencias,

delineante de un trazo que la lluvia diluye,

que los otros olvidan.

(iii)

De niña un día soñé que era serpiente

y escarbaba la tierra hasta encontrar

un espejo de agua

que no reflejaba una serpiente

sino una niña.

(iv)

He alcanzado la forma inerme de un latido.

A nada externo debo ya temer.

Ni al viento, ni a la caza, ni a las águilas,

ni al hambre ni a las rudas estampidas.

Soy un pálpito macizo que golpea el tiempo,

un sonido mortal que nadie escucha.

Mi única pasión es el trasiego

y en torno a él bato las alas furiosamente,

como un animal

en imposible guerra con los de su casta.