Encierro

Por Laia López Manrique

 

ENCIERRO

“Cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en su ser”

(Baruch Spinoza)

Hay que estar aquí.

No en otro lugar.

Aquí. Donde el cuerpo

sin mancha abastece.

Donde basta una mano,

un ojo, para medir

la distancia que separa

la pared del suelo.

Aquí. Donde cae la tinta,

donde riega el sudor

y se encogen los pies

como pequeños animales

malolientes. Hay que estar aquí.

De pie. Encasillada, sin memoria,

en el caudal barroso.

Es decir, aséptico.

Aquí. Donde no hay sitio

para las voces.

Donde percute la espera

como una gota recia sobre el cráneo.

Donde todo amago de vida

se parece

a un ascensor que sube y baja

y a los contornos marrones

y al aire llagado

y a inscripciones hechas hechas con llaves

en la puerta.

Hay que estar aquí

y repetir como un conjuro absurdo

estas palabras, sin olvidar

que cada una de ellas

podría ser la última.

 

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7 comentarios en “Encierro

  1. Amigo Stalker,
    Las horas bajas suelen ser un preludio, si no de la llagada luz de la que hablábamos hace unos días en tu blog, al menos (tal vez) sí de una nueva noche-ruta necesaria.
    O, lo que es lo mismo, según dijo Hölderlin, “allí donde crece el peligro crece también lo que salva”…
    ¿Escribir, entonces?
    Abrazos,
    Laia

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