Mujeres en tiempos de oscuridad, II: Sharon Olds. Pactar con el diablo.

Por Laia López Manrique



1. La identidad falsable de la poeta
Sharon Olds (San Francisco, 1942) escribió su primera obra a una edad tardía, en 1980, es decir, cuando contaba con 38 años. Según explica la propia autora, tras recibir su doctorado en Literatura Americana con una tesis sobre Ralph Waldo Emerson en la Universidad de Columbia, decidió cerrar un trato con Satán por el cual renunciaría a todo lo que allí había aprendido a cambio de poder escribir poemas verdaderamente propios. El resultado de esta curiosa acción fue el controvertido poemario Satan says, que es la obra que tendremos en cuenta en este artículo como modo de introducirnos en su peculiar universo poético.
Lo cierto es que, de resultas o no de ese pacto satánico, desde 1980 y hasta el momento actual Sharon Olds ha escrito una decena de volúmenes de poesía más, ha obtenido numerosos premios literarios (el San Francisco Poetry Center Award en su primera edición,el Lamont Poetry Prize, the National Book Critics Circle award, y el TS Eliot Prize), ha sido antologada en diversas ocasiones y fue poeta laureada del estado de Nueva York desde el año 1998 hasta el 2000. Aunque todo esto es, con toda seguridad, lo que menos importa cuando nos referimos a la producción lírica de cualquier autor.

Algunos de los motivos más destacables de la poesía de Olds (y, en concreto, de Satan says) son el marco crítico de las relaciones familiares, el sexo, la figura del padre, la maternidad, la condición de las mujeres y las desigualdades sociales, motivos que la emparentan con los llamados “poetas confesionales”, como Robert Lowell, Anne Sexton o Sylvia Plath, con cuyas obras sin duda se pueden trazar muchas líneas de correspondencia. No obstante, en una entrevista, ante la cuestión concreta de su filiación poética, Olds manifiesta su rechazo ante el término “confesión” y describe su poesía como “aparentemente personal”. El adjetivo “aparente” unido a “personal” tiene que ver con la conciencia de la imposibilidad de trazar la frontera exacta entre la identidad biográfica en cuanto tal y su construcción literaria, expresiones a menudo redundantes, así como entre la identidad individual y la experiencia compartida. De este modo, aunque la poesía de Olds está siempre vinculada a episodios o, a veces, a estadios sucesivos de su propia vida, marca una distancia con el término “confesión” en la medida en que no es una apertura o examen de la subjetividad ni un desprendimiento de ella lo que pretende con su escritura. La poesía de Olds parece tener una intención distinta, una intención expansiva, desmitificadora, purulenta. Su grado de violencia es proporcional a su capacidad para nombrar aquello que el pudor (y es innegable que existe también un pudor poético) convierte en indecible. Sharon Olds es practicante de una impiedad sonora e intemperada, que ha llevado a algunos a acusarla de escribir poesía “pornográfica”. Pero no es a ello a lo que apuntan los versos de Olds, sino más bien a la desnudez casi amoral de la vivencia, el lugar donde lo que existe propiamente es el cuerpo, la materia y sus engranajes a menudo perversos: los que determinan la relación con los otros.

2. El poema como superficie altamente inflamable
Traducir el cuerpo al lenguaje no es empresa fácil, y desde luego no es lo mismo que traducir el lenguaje del cuerpo. Reunir el cuerpo a través de los vasos rotos del lenguaje es escribir un poema. Los poemas propios que Sharon Olds quería escribir la conducen a hablar desde ese lugar incierto, el más frágil a la vez que el más fuerte, el más pesado: el del cuerpo. Olds desliza sus versos a través de un cuerpo deseante, poblado y despoblado de líquidos, mucosas, sangre, sudor, heces: un cuerpo que se afirma a sí mismo en su solitaria precariedad a través de las etapas y variaciones a los que la vida lo somete, o más bien, a los que él mismo somete a la vida.

Pero el cuerpo es relieve que se forma en contacto con los otros, y la primera relación extrínseca del cuerpo es su relación con el universo de la familia. En Satan says, la condición de hija es la primera de una serie de gradas cronológicas, un punto crucial en la vida de la poeta (y, en realidad, de cualquier mujer) que marca su estancia y su desplazamiento en el tiempo. En esa parte cristalizan los hilos que comunican la experiencia individual con otra, si no universal, sí aplicable a un extracto más general: el “mundo de las hijas”. Un mundo que, lejos de ser complaciente, es refinadamente cruel, abruptamente incendiario cuando es llamado a ello. Esto puede verse de manera amplificada en el poema Photographs courtesy of the fall river historical society, en que Sharon Olds se detiene en la descripción del escenario de de un doble asesinato, el del padre y la madrastra de la célebre Lizzie Borden, quien fue la principal sospechosa de su muerte a hachazos en el año 1892, y cuya culpabilidad no pudo ser probada. El poema concluye con una terrible sentencia de resonancia criminalística: “But as yu look at the pictures, the long / cracks between the sections of his face, / the back of her skull uneven as some / internal organ, the conviction is flat. / Only a daughter could have done that”. “Sólo una hija podría haberlo hecho”: la brutalidad, la sangre fría o caliente, la afinación en el trazo del crimen, son casi coincidentes con la mirada que sobre la escena lanza una despiadada y certera Olds.
La vida de las in-felices familias norteamericanas ya había sido puesta en entredicho por buena parte de la poesía anterior a Olds, y, sin embargo, en esta autora encuentra un espacio de desafío que va más allá del realce de las contradicciones de la existencia femenina en un ámbito patriarcal que la niega o la restringe. En la poesía de Olds no hay la angustia de la hija amputada que remata al padre que encontramos, por ejemplo, en el Daddy de Plath, sino una rebelión incestuosa, un aire de rechazo contra el espectro del orden familiar que es, también, el reflejo de una forma difícil de concebir el amor. Y la sublevación se propaga, sobre todo, como una sublevación lingüística, que se manifiesta ya en el primer poema de Satan says; en él, como en mitad de un mal sueño, el diablo da permiso a una Sharon niña para insultar a los padres, para decir todo aquello que había de ser callado a la fuerza. Olds rescata lo que no puede ser dicho y le da una fuerza estructuradora a lo largo de todo el libro; de esta forma, de la exploración de las relaciones de poder dentro de la familia, la comparación de los padres con hoscos generales, la erotización de sus cuerpos y en especial del cuerpo del padre alcohólico y lejano y el conflicto en crudo que supone la expresión del deseo sexual por él, emergen tal vez sus mejores poemas.


En el límite entre la condición de hija y la de mujer están las primeras experiencias eróticas ajenas al terreno familiar, aunque perseguidas por el fantasma problemático, a la par que inusitadamente celebrado, del incesto. Es sorprendente cómo describe la autora la pérdida de la virginidad en el poema First night, en que la sangre segregada en la relación sexual queda como impronta de fantásticas migraciones internas. Con cuidadoso detalle, Olds reseña el éxodo de los extraños habitantes que habían ocupado su cuerpo hasta entonces. La sangre que se va secando durante esa primera noche da lugar, en el día, a un nuevo nacimiento: “and like a newborn animal about to be imprinted / I opened my eyes and saw your face”.
El cuerpo cobra, asimismo, a través de la experiencia de la maternidad, un cariz casi heroico en la tercera parte del libro: así, en The language of brag, haber parido es algo de lo que la poeta se jacta. Es una experiencia común a las otras mujeres, y no un acto extraordinario y singular, lo que inscribe la excepcionalidad del propio cuerpo en el mundo. La acción centrífuga y esforzada del parto pone en movimiento un nuevo lenguaje: en el poema, Olds lo contrapone irónicamente a la búsqueda de la épica de la vida americana de Walt Whitman y Allen Ginsberg. Antes de la poesía, antes del canto, el panegírico aguado de lo corpóreo se abre paso en Olds. La maternidad, por otro lado, implica siempre una forma de amor atento, un modo de estar en el mundo sin amparo para amparar a otros, que da lugar a una expresión poética quizás no tan encarnizada, aunque no menos polémica. En el poema The unborn, por ejemplo, Olds se interroga acerca de los hijos no nacidos, y las imágenes que emplea son cristalinas e hirientes. En la serie titulada Young mothers, dibuja el margen inarmónico de la maternidad, a través de poemas narrativos protagonizados por madres jóvenes que exponen sin concesiones el lado truculento del deseo de la vuelta atrás, antes de esa línea divisoria, aun a costa, a veces, de la muerte de los propios hijos.

Porque no hay, en realidad, nada idealizado en la poesía de Olds, y, si lo hay, siempre amenaza con mostrar su lado negativo, contradictorio. Ni siquiera el cuerpo como punto de partida es concebido como un lugar sagrado, sino como un recinto irónico en el sentido literal del término: da a entender lo contrario de lo que expresa, se ubica como centro de gravedad en el mundo y a la vez es distante, vulnerable, paradójico. Sostiene la experiencia y puede también negarla, pues la pura fisicidad del cuerpo es la única realidad que, en última instancia, puede afirmarse de él, y ésta carece siempre de connotaciones y de reglas morales.

3. La poesía como ejercicio de taxidermia
La poesía antiidealizada de Olds se configura a partir de la huida de la elevación del registro lírico, en el encuentro con un lenguaje claro, directo, sin ornato. Utiliza un tono descarnado, exento de artificiosidad; se trata de una poesía desnuda, que desgrana la experiencia, la subvierte, la hace palpitar ante el lector con muy escasos matices compasivos. Olds escapa de lo sentimental como de una pandemia; sus poemas son como pequeños alfileres oxidados que, al entrar en contacto con la piel, la hacen saltar y la contaminan. En sus poemas, la narración y la descripción de escenas se aúnan al empuje expresivo de las metáforas y comparaciones, abundantes y detonadoras del efecto poético. En gran medida, las comparaciones disparan la trascendencia de unos textos que, de suyo, se empeñan en capturar instantáneas de la vida familiar.
En Satan Says, así como en otros de sus libros, el poema es la medición de un instante en que todo se tensa: en cada uno de ellos se percibe la voluntad de embalsamar, de retener en una imagen fija lo que en caso contrario escaparía al control del significado y que, al ser atrapado en el texto, escupe reverberaciones, símiles, semejanzas. Juan José Almagro Iglesias, traductor al castellano del libro de Olds The dead and the living (1983), define el itinerario que describe toda la obra de la autora como una “poética del ámbar”, la resina fósil que inmoviliza y encierra, al escurrirse sobre la corteza de los árboles, partículas de vida vegetal y animal. Del mismo modo actúa Sharon Olds con los retazos de vida que apresa en sus poemas: los detiene, les ofrece una proporción a menudo perturbadora. En algunos puntos, no obstante, la dureza tanto del lenguaje como de la visión que transmite hace que se pueda hablar, más que de fosilizaciones en ámbar, de auténticas operaciones de taxidermia: el arte de disecar cuerpos muertos para que cobren la apariencia de vivos. Sobre todo en la mirada hacia ciertos momentos del pasado, Olds consigue causar en el lector una fuerte impresión de simultaneidad narrativa; los cuadros que pinta son tan vívidos que casi parecen respirar al compás de la lectura. La dentellada lírica es lo que pespuntea el poema, lo que le dota de un vuelo más allá de lo descriptivo, lo que, en fin, lo libera de su condición de inofensivo y lo vuelve dañino, reflexivo o mordaz, según el caso.

4. Rutas posibles por la poesía de Sharon Olds

Libros traducidos al castellano:
Satán dice (edición bilingüe), traducción y prólogo de Rosa Lentini y Ricardo Cano Gaviria, Tarragona, Igitur, 2001.

El padre (edición bilingüe), traducción y prólogo de Mori Ponsowy , Madrid, Bartleby Editores, 2004.

Los muertos y los vivos (edición bilingüe), traducción y prólogo de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas, Madrid, Bartleby Editores, 2006.

Revistas literarias:
DERUSHA, Will, Sharon Olds. Un arte de la desnudez, en Dossier: cinco mujeres poetas de USA, Quimera, Revista de Literatura, octubre de 1999, núm. 184, p.45-50.

Internet:
Multimedia Companion to Anthology of Modern American Poetry
(Oxford University Press, 2000). Edited by Cary Nelson:
http://www.english.illinois.edu/maps/poets/m_r/olds/olds.htm

(Artículo aparecido originalmente en el número 39, de mayo de 2010, de la revista Calidoscopio)

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5 comentarios en “Mujeres en tiempos de oscuridad, II: Sharon Olds. Pactar con el diablo.

  1. Hola, Laia.
    Gracias por tu mención de mi traducción junto a Carlos Jiménez de Sharon Olds. Sentí mucho el ámbar en los poemas de Sharon y ahora vuelve a mí contigo.
    Carlos y yo somos dos poetas madrileños que hemos trabajado con Bartleby. Mi libro se titula “El hombre bañera” y me gustaría saber tu opinión. Son poemas en prosa con un constructo muy irracional.

    Gracias.

    Juanjo

    1. Hola Juanjo,

      Decirte en primer lugar que me gustó mucho la traducción de “Los vivos y los muertos” y la introducción “ambarina” me pareció acertadísima, de ahí la cita. Realmente Olds posee esa extraña cualidad de disección, fijación, detención.
      Buscaré tu libro y te comento, ¿está editado en Bartleby también?
      Muchas gracias por pasarte por aquí.
      ¡Saludos!
      Laia

      1. Hola, Laia.
        Gracias por tus comentarios. Aunque ya todo el mundo parecemos tener muy asumido el mundo virtual y sus tráficos, todavía me choca el ver por ahí mi nombre, o alguna traducción, o mi libro.. (acabo de ver a un músico barcelonés así muy alternativo que habla de su película y libro preferidos:una peli coreana y mi libro. Increíbles ciertas conexiones, ¿no?)
        No sé si al final te hiciste con un ejemplar de “El Hombre Bañera”. Sí, está en Bartleby.
        Besos
        Juanjo

  2. Laia:

    es estupendo que escribas sobre Sharon Olds. Paso a agradecer simplemente, leeré tu texto con detenimiento cuando la guillotina del tiempo me lo permita…

    abrazos

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