Huellas de la ausente

por Laia López Manrique


la luz encendida

la cama deshecha

el maullido de un gato que mendiga alimento

un libro de poetas metafísicos ingleses

un cuaderno de cuentas y albaranes no escritos

un reloj que no avanza

una ramificación de huesos en el plato

un sendero de migas y pelusa

un hueco tedioso en mitad de la estancia

restos de piel muerta y limaduras

una uña rota en la repisa del baño

una toalla húmeda

la nevera vacía

trampas para insectos

dos pares de bragas de encaje sin tender

los trazos de un dibujo que no representa nada

una mancha

un grumo de sombras fugitivas

el eco de un silencio arqueado y sucio

y un cuerpo que deshabita el aire

y exige a la memoria un acto de presencia

Reseña de Reflejos en un ojo dorado, de Carson McCullers, para Lletra de Dona (Centre Dona i Literatura, Universitat de Barcelona)

por Laia López Manrique

Carson McCullers, Reflejos en un ojo dorado (novela)

Traducción del inglés por María Campuzano.
Barcelona: Seix Barral (Biblioteca Formentor), 2001
ISBN: 9788432219566

1ª edición | Reflections in a golden eye, 1941

|Biografía

Lula Carson Smith, novelista, cuentista y dramaturga, nació en Georgia en 1917. Su vida estuvo marcada por una enfermedad de infancia mal curada y por el matrimonio con James Reeves McCullers, que fue, a la vez, la relación más solidaria y destructiva en la vida de Carson. Ambos tuvieron dificultades compartidas: alcoholismo, ambivalencia sexual y tensiones generadas por la envidia de él hacia ella.
A los cincuenta años, Carson murió a causa de un ataque, no sin antes empezar su autobiografía, Iluminación y fulgor nocturno, donde declaraba: “Pienso que es importante que las futuras generaciones de estudiantes sepan por qué escribí ciertas cosas; pero a mí también me importa saberlo”.

"Sintió que la ira le invadía. Era una oleada de odio hacia el soldado, tan fuerte como el júbilo que había sentido sobre el caballo desbocado. Todas las humillaciones, las envidias, todos los temores de su vida confluyeron en aquel odio inmenso. Se levantó tambaleándose y echó a andar ciegamente por el bosque ya oscuro." Carson McCullers, Reflejos en un ojo dorado.

 

|Sinopsis

En una base militar del Sur de Estados Unidos en época de paz, estalla el conflicto entre cinco personajes de relaciones irregulares y secretas tensiones internas: el rígido y dividido capitán Penderton, su infiel esposa Leonora, el amante de ésta, el comandante Morris Langdom, su enferma mujer Alison y el criado Anacleto. La presencia del soldado Williams, personaje opaco y controvertido hacia el cual el capitán Penderton experimenta una atracción fuerte que en momentos linda con el odio, y en otros con el amor, catapulta la tensión existente hacia el estallido de la violencia.

|Reseña

La novela tematiza, en muchos aspectos, la mirada hacia el otro, en un lugar que no encuentra la correspondencia, y se concreta en el caso de las miradas que cruzan entre sí, sin encontrarse, el capitán Penderton y el soldado Williams. En la mirada se halla la semilla de unas pasiones jamás resueltas, de una fascinación primaria e inexplicable por el otro, algo innominable que se queda siempre en el mero umbral del deseo. El capitán Penderton persigue en el soldado Williams la sombra de su deseo, antiguo, tormentoso y jamás revelado (salvo para sí mismo) por los hombres, y el soldado Williams, en su ritual voyeurista nocturno hacia la esposa del capitán, Leonora, expresa la fascinación por el sexo femenino, condenado por su padre como peligroso y portador de fatales enfermedades. En el fondo, existe en ambas miradas la misma fijación asombrada por lo desconocido en sus dos vertientes, y despunta en ellas el magma de la sexualidad como amenaza en un contexto rígido y severo como el del ejército, en que se niegan las pasiones pulverizándolas y convirtiéndolas en germen de una violencia que, finalmente y de modo ineludible, se produce.

A estos dos personajes masculinos, portadores de la mirada al tiempo que ejecutores de la violencia, vendrían a oponerse los personajes que no encuentran un espacio propio en ese contexto. Estos personajes son Alison y su criado Anacleto, figuras que parecen hablar un lenguaje completamente distinto al que rige en su ambiente, extrañamente refinados hasta rozar lo hiperbólico, anómalos y errantes, que conocen el pacto tácito que domina la convivencia, el engaño que la fundamenta, y sobreviven aliándose en su exclusión y planeando su huida.

Finalmente, los personajes de Leonora y Morris Langdom son los más desdibujados de la novela. Amantes consentidos, pese a lo irritante de la situación actúan como si fueran ajenos a la realidad que les envuelve; su irresponsabilidad es cobarde y sostiene en cierto modo el engranaje de dolorosa agresividad contenida que planea sobre la historia.

En definitiva, en esta novela aguda y punzante, Carson McCullers presenta la trama de relaciones entre unos personajes bajo los cuales subyace un sustrato de odios e impulsos reprimidos que están llamados a emerger de manera inevitable. Maestra en la creación de atmósferas que apuntan a lo incierto, a lo inquietante, McCullers consigue colocar al lector en una posición de espera ante el desencadenamiento de unos hechos que prevé terribles.

Para citar esta reseña:
López Manrique, Laia (2009), “Carson McCullers. Reflejos en un ojo dorado”, Lletra de Dona in Centre Dona i Literatura, Barcelona, Centre Dona i Literatura / Universitat de Barcelona, fecha de consulta. <http://www.ub.edu/cdona/lletra_de_dona/fitxautora/mccullers1.htm&gt;

Escena de Reflections in a golden eye, de John Huston (1967)

Bosquejo de geografía urbana

por Laia López Manrique

La ciudad dibuja mapas, palimpsestos, vidrios rotos de la ausencia.

En un cine del paseo de Gracia vi La pianista una noche de jueves.

En un estudio de la calle Acacias alguien me fotografió en traje, sonrisa y monóculo, abrazada a un maniquí con los ojos en blanco.

En la calle Rosellón un niño me pisó el pie derecho, le grité, me arrastró el viento cinco metros, traté de llorar en vano.

En la ronda San Antonio vi al diablo en persona.

En la plaza de la Virreina una mujer me esperó una tarde de mayo, con un libro marrón entre las piernas. La espié desde lejos; la vi leer, pasear por la plaza, preguntar la hora a un viejo, volverse sobre sus pasos, desaparecer.

En la plaza Urquinaona tuve miedo, comí un bocadillo sin hambre, me vi a mí misma temblando ante un escaparate, vi mi soledad pesada como losa de mármol, vi que no supe amar lo que estuvo a mi alcance, vi la parca terrible que cantan los poetas, y la rocé con el índice, y mi carne entera la deseó.

En el paseo Sant Joan dije mentiras, no tuve piedad con mi memoria, falté a la verdad sintiéndome –por vez primera– un poco más dueña de mí misma.

En el pasaje Font, un callejón que muy pocos han visitado, conocí una felicidad que no compartiré con nadie.

(Publicado originalmente en la sección ARROZ NEGRO de la revista BCN WEEK)

Entrevista a Sopa de Poetes

Por Laia López Manrique

Sopa de Poetes son un colectivo poético del Prat de Llobregat formado por Pepe Maiques, Òscar Solsona y Mariano Martínez. Realizan un programa semanal dedicado a la poesía en El Prat Ràdio, por donde han pasado y pasarán las voces de múltiples autores conocidos en el panorama nacional. Uno de los componentes más destacables tanto en lo que respecta a su actividad radiofónica como a la escritura de su blog (www.sopadepoetes.blogspot.com) es el compromiso desenfadado e hiperactivo con la poesía, la divulgación constante de obras y actividades culturales y el imprescindible acercamiento de la literatura a los espacios de la vida cotidiana. Recientemente han sido nombrados finalistas de la VI Edició dels Premis de Reconeixement Cultural del Baix Llobregat 2009.

Entré en contacto con Sopa de Poetes a partir de mi trabajo como profesora de escritura creativa en El Prat de Llobregat. Les pedí su libro Piedra, papel, tijera, publicado en 2008, por correo. Me lo enviaron. A partir de ahí, iniciamos una correspondencia a través de su blog (aviso para navegantes: ¡engancha!) y nos conocimos en persona en el acto de fin de curso del taller que coordino, en el cual Mariano, Òscar y Pepe partiparon como lectores. Gracias a ellos comprobé, una calurosa tarde de verano, que dos mujeres pueden llevar el mismo reloj en un espacio tan reducido como un estudio radiofónico y que mi voz puede sonar extrañamente sonámbula y nasal en la franja horaria de las 20 a las 21h. Que los poetas, que ya desde Baudelaire extraviaron el aura, en el año 2009 van al mercado, comen en familia, hablan de meados y de zapatillas de andar por casa sin perder la compostura, o mejor aún: perdiéndola. Que los poemas suenan mejor con una buena música de fondo. Que la poesía se puede fabricar en un instante, que puede ser y es esencialmente cuestión de instantes, borras, palabras lanzadas casi por azar y en continuidad fragmentaria contra sí mismas. Algunas cosas ya las sabía por mi propia práctica; otras las he aprendido en acto, oyéndoles y leyéndoles. Por todo ello y por muchas más cosas tengo que agradecerles que hayan accedido a responder esta brevísima entrevista. Por muchos encuentros más, soperos.

-¿Qué ingredientes y cuánto tiempo de cocción requiere una buena Sopa de Poetas?

Pepe Maiques: Humor, sentido del ritmo y ganas de escuchar; cierta confianza con el entrevistado, poca vergüenza y suficiente descaro; muy buena música, y la mano maestra de Mariano en los botones. Y algún libro de poemas. Aunque incluso sin libros puede hacerse un programa: ahí está la red que nos enreda.
Tiempo de cocción: oscila entre 5 y 55 minutos, dependiendo de la climatología interna del estudio. Por último: es importante comer algo antes de empezar.

-La poesía suele ser un género asociado por los no-lectores de poesía al hermetismo, a la dificultad, a lo inefable, aunque sin duda, para los poetas y sus lectores, supone una forma de relación entre el lector y el texto que pasa por canales, a menudo, mucho más sencillos de transitar de lo que parece, si estamos entrenados. La necesidad de la oralidad, de la transmisión por medio de la voz, de la escucha, es uno de los rasgos que no deben olvidarse cuando hablamos de poesía. ¿En qué momento y por qué tomasteis la decisión de llevar la poesía al medio radiofónico en cuanto forma de comunicación directa?

Pepe Maiques: Òscar, Mariano y yo, llevábamos varios años colaborando en radio y habíamos adquirido cierto entreno previo. En realidad la idea surge de forma algo improvisada en otoño de 2005, al plantearnos que el canal radiofónico y el poema leído (no recitado) son elementos complementarios, que se refuerzan.

-En todos estos años de programa habéis entrevistado y conocido a muchos poetas españoles. ¿Qué entrevistas destacaríais? ¿Con qué momento del programa os quedáis?

Pepe Maiques: Aquí hago una elección particular, un repaso rápido, como en imágenes superpuestas: María Eloy García, Ventura Camacho, Ana Muñoz, Isla Correyero, Lorenzo Plana, Alexis Díaz-Pimienta, Julieta Valero, Juan Antonio Bernier, Carmen Camacho, Eloisa Otero, Esther Ramón. En lo que seguramente coincidimos los soperos, es en la intensidad que se creó en la entrevista a Chantal Maillard.

-¿Qué leen los poetas de Sopa de Poetas cuando se encierran en el cuarto de baño los domingos?
Pepe Maiques: Las páginas amarillas…, las siempre interesantes Sopas de Letras, y en contadas ocasiones el Cancionero de obras de burla provocantes a risa de Hernando del Castillo, editadas en Valencia en 1519.

-Habladme sobre el libro Piedra, papel, tijera. ¿Qué significó para vosotros editarlo y presentarlo? ¿Tenéis más fechas de presentaciones o algún otro proyecto paralelo al programa en este momento?

Pepe Maiques: La radio es un medio “fuerte” (ahí está el archivo sonoro con todas las entrevistas), pero también volátil. Pensábamos que si teníamos cosas escritas cada uno por su cuenta, por qué no juntarlas en el soporte más usual. Una tarde, tomando café empezamos a jugar con el título y salió “piedra, papel, tijera”. Mariano fue clave aquí, al trabajar en el campo editorial y poder dar cuerpo al libro, que salió en septiembre de 2008. Durante un año, hicimos presentaciones en varias ciudades, y la experiencia fue muy gratificante. De ahí surgieron amigos, lecturas, presentaciones de libros de otros poetas y también algún proyecto, como el programa de radio realizado en la Fundación José Hierro de Getafe, coincidiendo con las actividades de fin de curso en Junio de 2009. Durante 2010 esperamos hacer alguna otra presentación y seguir trabajando en diferentes propuestas, todas ellas ligadas al terreno poético.
Por otra parte, el blog que mantenemos -sobre todo Òscar- muy activo http://sopadepoetes.blogspot.com/, está pasando por una necesaria fase de renovación; nos ha abierto muchas posibilidades de conectar con la poesía que se hace ahora en este país, y también fuera de él. Ahí seguimos.

-Rilke decía, en Cartas a un joven poeta, algo que siempre me ha parecido cierto e incierto a un tiempo, y, en cualquier caso, inquietante y profundamente descorazonador. Venía a decir que una obra (poética) sólo tiene sentido si responde a una íntima necesidad, y que en esa necesidad está el único criterio para enjuiciar la obra. La obra se impone a quien la escribe, según Rilke, pero del mismo modo, si uno no siente la necesidad imperiosa de la escritura, aconseja a su joven poeta, es mejor que no se ejercite en ella. ¿Estáis de acuerdo con esta afirmación? ¿De qué modo la poesía se conecta con la necesidad, en vuestro caso?

Pepe Maiques: Aquí me viene al pelo, -es mi caso- remitirme a un texto recogido en este blog (http://almudenavidorreta.blogspot.com/), que leí el otro día y que ahora me da una buena respuesta a tu pregunta. La cita dice así:
“No puedo dejar de añadir a lo dicho que será bien, cuando se hubieren de escribir versos, cada cual examine sus fuerzas; y si las hallare débiles, se abstenga, como dice Horacio: versate diu quid ferre recusent, quid valeat humeri. Y si todavía pareciere hacer versos, no se publiquen sin grande examen. Lean mucho, escriban poco, amen borrar mil veces cada palabra, que por no hacerlo así los poetas de su tiempo, dice Horacio que erraban.”
(Lupercio Leonardo de Argensola. Barbastro, 1559 – Nápoles 1513)

- Para terminar, una última petición. Prestadme un poema…
Venga, pues:

Terraza
Junio traerá maderas en el agua
estaré quieto
y el viejo comerá
desnudo y sólo
con lentos movimientos de cabeza
hablaremos de lo que nos atañe
un mediodía ventoso
cuando nos quede mucho por hacer
descordar el pasado del presente
y convertirlo en sombra
hojas que bailen
sobre nuestras cabezas
ligera multitud
sobre el tiempo encendido
sin darle ya demasiada importancia

Pepe Maiques (inédito)